Venezuela, 26 años después


Es Venezuela un extenso territorio caracterizado por tres regiones geográficas bien singulares: El litoral marítimo y el lago de Maracaibo, espacio de la extracción petrolífera, y “donde el Caribe llega hasta donde suenan las maracas”; las estribaciones del norte de la Cordillera de los Andes; la Cuenca del Orinoco, desde Los Llanos al macizo de las Guayanas. Un país diverso, de paisajes hermosos y de recursos excepcionales, particularmente de minerales y petróleo. Hacia allí, durante el siglo XX, se dirigían muchos emigrantes españoles –en particular, canarios-, portugueses, italianos y sobre todo colombianos.

A finales de 1999, viajé a Venezuela para participar en un seminario en el campus de Trujillo de la Universidad de los Andes, visitando las ciudades de Varela, Mérida y la capital Caracas, donde me reuní con colegas venezolanos un 10 de diciembre en una jornada de huelga general sindical, mientras volaba, a una baja altura desafiante, una escuadrilla de cazas celebrando su patrona, la Virgen de Loreto. Un escenario sorprendente el que veíamos, que coincidía con el primer año de gobierno de Chávez, dirigente de una opción autoritaria, y la aprobación de la nueva Constitución bolivariana. Ya se percibía entonces una sociedad enfrentada en dos bandos, al inicio de la nueva época política.

 

En la actualidad, como ha quedado en evidencia, la deriva del sistema político, tras 26 años de chavismo, ha significado la ruptura con el “pacto fundacional” de la democracia liberal representativa y la redefinición por el autoritarismo de las funciones del Estado, manifiesto en el número de presos políticos y en las elecciones que culminan en julio de 2024 con un voto mayoritario por la alternancia del poder. A partir de ahora, no podrá fingir más el Gobierno y sólo le queda atrincherarse, siguiendo el modelo cubano (y nicaragüense).

Si Cuba se ve beneficiada por el petróleo que suministra Venezuela, este país, a cambio, recibe asesoramiento militar y apoyo sanitario. Mientras que el intercambio comercial en el año 2023 con los países vecinos (Colombia y Brasil) es poco relevante, la exportación del petróleo crudo y la importación de petróleo refinado se dirige mayoritariamente a Estados Unidos y, en menor medida, a China y España. La dependencia de la extracción de petróleo es más que relevante para el país, pero es un recurso limitado por la pésima situación de las plantas de refinación y de gestión de la compañía estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), de la cual hay una amplia información en Wikipedia.

La situación de declive económico del país venezolano, a partir de 1999, se delata en 50% de la población en situación de pobreza, con un salario mínimo de 32 dólares y el de un catedrático de Universidad de 80 dólares mes, y las fallas permanentes de servicios públicos básicos (agua, luz), y hasta el abastecimiento de combustible. Esta situación crítica se ve relativamente compensada por los bonos de alimentación a cargo del Gobierno, las remesas de familiares emigrantes o el salario de un segundo trabajo. Mientras tanto, una de las mayores fortunas reconocidas es la de María Gabriela Chávez, a la altura de las grandes familias empresarias del país (por ejemplo, los Mendoza, del Grupo Polar).

De otro lado, a la crisis económica ante dicha de bajas rentas y pobreza, se suma la inflación galopante,  la represión política y la inseguridad ciudadana, que expulsan hacia otros países americanos (Colombia, Perú, Chile, Estados Unidos) y España a una importante proporción de venezolanos en la diáspora, estimado por Naciones Unidas en 2024 en 7,7 millones de personas, y como consecuencia se produce un estancamiento demográfico y envejecimiento del país (con un censo de 28,3 millones de habitantes en 2022).

La lectura del último siglo de historia del país, expresa épocas de crecimiento y declive económico y de alternancia en el poder de gobiernos democráticos y autoritarios, prototipo de Latinoamérica, con la variante de mantener actualmente dos personalidades presidenciales “con reconocimiento parcial”, Nicolás Maduro como presidente gobernante y Edmundo González como presidente electo, y una líder opositora, la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, la esperanza de una nueva época.

Lorenzo López Trigal