Un 14 de febrero de 1803 un joven campesino leonés, Francisco Rejas, natural de Reliegos, se presentó pesaroso en el despacho del Notario Pedro Suárez de Castañón en la cercana villa de Mansilla de las Mulas atravesada por el río Esla. Francisco llegaba con la necesidad de hacer una Escritura de Poderes para ceder el uso de todos sus bienes (su casa y sus tierras) a su mujer Emerenciana Bermejo¹.
Recuerdo hace muchos años haber encontrado esta escritura notarial en el Archivo Histórico Provincial de León, en la Puerta del Castillo. Allí me pasé la tarde de varios meses echando las redes, como nos gusta decir a los historiadores, consultando con mucha paciencia y sin prisas las Escrituras de todos los Notarios de la Provincia de León (una veintena creo recordar) entre 1808 y 1814. Buscaba, como bien nos enseñó nuestro Profesor de Historia Moderna de la Universidad de León don Laureano Rubio Pérez (que fue el único profesor que llevó a un Archivo a sus estudiantes enseñándonos el oficio de Historiador), “Escrituras de Poderes”. En ellas se refleja la vida social, corriente, de las personas, con sus cuitas cotidianas que nunca salen en los grandes libros de Historia: litigios judiciales, compras y ventas de propiedades, herencias, conflictos, contratos de abogados, fianzas… Mi objetivo era rastrear con paciencia, entre las miles de escrituras manuscritas conservadas en los libros de Protocolos Notariales encuadernados y que duermen el sueño de los justos (hasta que llega un historiador a abrir sus vetustas hojas con papel sellado del Rey de España), como las Guerras Napoleónicas afectaron a la sociedad civil leonesa. Y ya puestos decidí mirar escrituras notariales desde algunos años antes, como fue en el caso de este Notario de Mansilla de las Mulas.
Lo que nunca pensé hallar fue una escritura como la de aquel joven y desconsolado campesino de Reliegos, Francisco Rejas. Cuando me puse a leer despacio aquella letra antigua manuscrita de un 14 de febrero de 1803 mi sorpresa se convirtió, poco a poco, en unas risas que tuve que disimular en el silencio respetuoso de la Sala de Investigadores. La razón de aquella generosidad de Francisco Rejas nacía, según él, del afecto y amor a su esposa sí, pero de un afecto resignado y desgraciado. Resulta que el joven campesino vivía en un matrimonio desgraciado y sin hijos; su Emerenciana debía de ser una mujer de armas tomar y de muy mal carácter, por lo que el pobre Francisco había decidido separarse de su esposa. En una época y en una sociedad católica como era la España de comienzos del Siglo XIX evidentemente el divorcio no existía, pero ante situaciones así, de imposible convivencia, siempre había existido la posibilidad de la separación. Por ello, Francisco había decidido abandonar su hogar, su pueblo y su vida de campesino. Aún así, Francisco decidió hacer las cosas bien y entregar a su esposa un documento legal para que pudiera disponer libremente de sus bienes, de la casa que había sido el desgraciado hogar y de las tierras de labranza para que tuviera los medios necesarios para poder sustentarse. Francisco había decidido que, a pesar del afecto que tenía por su esposa, vivir con ella era imposible, y deseando paz y sosiego iba a sentar plaza como Soldado voluntario por ocho años en el Regimiento de Infantería de Asturias que se hallaba de paso por Mansilla, al mando de su Coronel Don Luis de Delevielleuze. Un joven, deseando paz, tranquilidad y sosiego cambiaba un hogar desgraciado por ser Soldado del Rey y combatir, algún día, en alguna guerra. Para él, sin duda, el matrimonio era la peor de las guerras…
“…En la Villa de Mansilla de las Mulas a catorce de Febrero de mil ochocientos y tres, ante mí, Escribano y Testigos, Francisco Rejas Soldado Voluntario del Regimiento de Asturias dijo: Que lleno de desazón y viéndose algo fatigado, sentó plaza en dicho Regimiento por ocho años, y teniendo como tiene a su mujer Emerenciana Bermejo en su Pueblo de Reliegos, a quien es obligación de mantener como buen Marido, y deseándola mucho bien y al afecto que la tiene, sin embargo de sus desavenencias, desde luego de su libre voluntad el otorgante cede, renuncia y dona a beneficio de dicha su Mujer toda su Hacienda raíz y más bienes muebles…”

Y así fue todo. Francisco firmó junto a sus testigos. El notario hizo tres copias de la Escritura, una se quedó en su archivo (que es la que yo pude leer doscientos diez años después), otra fue para Francisco y la tercera se la quedó la furibunda Emerenciana.
Francisco dejó su hogar y empezó su nueva vida de Soldado; en su Regimiento encontró una nueva familia, desde luego mejor avenida de la que había huido. El Asturias era uno de los más célebres Regimientos del Ejército del Rey, creado en febrero de 1663 por la Junta General del Principado con la denominación de “Tercio de Asturias”, para servir en la Guerra de Portugal, a petición de Felipe IV.
Desde la Guerra de la Convención contra la Revolución Francesa (1793-1795), el Regimiento ostentaba el honroso y sangriento sobrenombre de el “Cangrejo”, por no haber dado la espalda al enemigo jamás y haber seguido combatiendo en solitario, marchando hacia atrás, enhiestas sus banderas, en más de una batalla perdida.
Recuerdo que cuando leí en la escritura el nombre del Regimiento en el que se alistó Francisco, solté un pequeño silbido (uno, con los años, sabe ya algo de historia y de historia militar), ¡El Asturias!… ¿Qué destino tuvo en los años que siguieron este Regimiento español? Pues cuatro años después de alistarse, en busca de paz y sosiego, el joven leonés marchó con el buen Marqués de La Romana y 15.000 españoles más de cuatro regimientos de Infantería de línea (entre ellos el Asturias), dos ligeros y cinco regimientos de caballería, hacia Alemania y luego hacia Dinamarca. En virtud de los funestos tratados de alianza de España con la Francia de Napoleón Bonaparte firmados en 1807, el cretino de Carlos IV de Borbón (los historiadores aún no se ponen de acuerdo en considerar si era más tonto que inepto o cobarde – al menos mala persona no fue -) aceptó enviar un pequeño cuerpo de ejército español al norte de Europa como aliados del Imperio Napoleónico.
Aquella fue la célebre División del Norte, una fuerza expedicionaria española que sirvió bajo el mando del mariscal francés Jean-Baptiste Bernadotte en Hamburgo y posteriormente en Dinamarca. Al menos así fue hasta la rebelión patriota española luego de los sucesos del Dos de Mayo y de las Abdicaciones de Bayona en 1808.
Por cierto, es fama que Bernadotte, feroz republicano jacobino, el mismo que tenía tatuado es su brazo el lema de “¡Mort aux Rois!” cuando le ofrecieron la corona de Suecia años después se hizo monárquico de repente. Para algunos solo hay que pisar moqueta para saber que Estocolmo bien vale una misa o un chalet en Riomonte de Galapagar.
Conocedores de la rebelión de los españoles contra Napoleón en mayo de 1808, La Romana y sus 15.000 españoles (allí aislados en el norte de Europa y rodeados de franceses y de sus aliados mamporreros daneses) se negaron a reconocer como soberano de España a José Bonaparte. Luego de unas negociaciones secretas con la flota británica, hasta entonces enemiga, que patrullaba en Báltico, unos 9.000 soldados españoles lograron reembarcarse, ante las narices de franceses y daneses, para volver a combatir en la Península…Es fama que el buen Marqués de La Romana, en las playas de Dinamarca, tan lejos de España, y ante las banderas de los regimientos que lograron agruparse para escapar, banderas que eran la representación de la Nación Española (España estaba sin Rey… Carlos IV y Fernando VII cobardes y felones, y José Bonaparte un Monarca intruso), el buen general mallorquín hizo jurar a sus soldados lealtad a España, a la que elegían regresar para combatir la invasión napoleónica pronunciando unas célebres palabras…
“Queremos Vivir y Morir con nuestro Pueblo”

Pero Francisco no estuvo allí, el Regimiento de Asturias, acantonado en la Isla de Zelandia cayó prisionero de los daneses y franceses; apenas 20 hombres de esta unidad lograron escaparse para llegar hasta los barcos británicos. En total, alrededor de 5.000 españoles quedaron prisioneros en Dinamarca, entre ellos Francisco Rejas.
¿Cuál fue el destino del joven leonés? En la escritura mencionada, se añade que en julio de 1811, en el tercer año de la sangrienta y terrible Guerra de la Independencia en España, Emerenciana Bermejo acudió al notario de Mansilla de las Mulas para, ejerciendo el derecho que le había dado su marido 8 años antes, vender tres fincas para poder sobrevivir. En la Escritura se citaba que Francisco Rejas seguía…Ausente.
¿Qué fue de Francisco? ¿Murió en Dinamarca o en uno de los duros campos de prisioneros en Francia? ¿Logró escaparse; hacia donde…?
La historia nos cuenta que muchos de aquellos prisioneros españoles de las Guerras Napoleónicas en 1811 se integraron a desgana (todo servía para dejar atrás los campos de prisioneros y los duros batallones de trabajo) en el nuevo Regimiento José Napoleón que Bonaparte ordenó crear con cautivos españoles de la Guerra de la Independencia. Es posible que Francisco acabara en él. Muchos ex prisioneros españoles abrigaban la esperanza de que se les enviara a la Península para combatir por José I, al que habían jurado lealtad. Pero como Napoleón que era muchas cosas pero no tonto, sabía que nada más cruzar los Pirineos todos ellos desertarían hacia el Ejército español, decidió enviar en la primavera de 1812 al José Napoleón no a España sino a la terrible invasión de Rusia…
¿Combatió Francisco Rejas en Borodino, llegó a ver las cúpulas doradas del Kremlin en Moscú, vivió la terrible retirada invernal y como buen leonés logró sobrevivir al frío, al hambre y a los cosacos, logró cruzar el Beresina, murió combatiendo o fue de aquellos cientos de españoles que desertaron hacia el Ejército Ruso siendo acogidos como aliados por el Zar Alejandro I? ¿Se integró Francisco en el Regimiento Imperial Alejandro creado en San Petersburgo en mayo de 1813, formado por excautivos soldados españoles y regresó a España en octubre de aquel mismo año por mar en barcos británicos? ¿Estuvo Francisco entre los soldados de este Regimiento que pasaron por Astorga dos meses después siendo auxiliados con víveres y zapatos por los astorganos? ¿Regresó Francisco a su pueblo, se reencontró con Emerenciana, o se quedó en Rusia o Dinamarca emparejado con otra joven que le hizo feliz…?
No lo sabemos. Ese es el encanto de la Historia, que nunca tiene final…a pesar de tontos como Francis Fukuyama…
En todo caso es fácil saber algo más. Solo hay que acudir al Libro de Difuntos de la Parroquia de Reliegos (eso si el libro se salvó de incendios, revoluciones y guerras) y comprobar entre 1811 y, digamos, 1860 si en el pueblo murió algún vecino llamado Francisco Rejas…
“Nací entre mieses, barro y sol de estío,
y en santo vínculo tomé mujer;
mas presto el techo, en vez de dulce abrigo,
fue yugo áspero difícil de romper.
De labios agrios brotó la desavenencia,
cual cierzo helado al borde del hogar;
no hallé reposo en mesa ni en conciencia,
ni alivio alguno tras la faena y el arar.
Así, cansado del penar callado,
troqué la azada por marcial deber;
no busco honra ni nombre laureado,
sino el sosiego que no supe tener.
Tal vez en filas, bajo orden severo,
halle mi espíritu tregua y quietud,
pues a veces es más piadoso el acero
que un hogar sin caridad ni virtud”
Anónimo
¹ AHPL, Protocolos Notariales, Caja 1038, folios 67 – 69.

Interesante, entretenido y documentado relato, gracias.
Q interesante y curiosa historia de este hombre francisco Rejas..muy lograda y concienzuda investigación . enhorabuena por ese entusiasmo de encontrar la verdad ..
Gracias por hacernos partícipes de su trabajo que me parece llena su vida de gran satisfación.
Mi reflexión a su lectura se centra en esa cantidad inmensa de individualidades que forman el sustrato de nuestra historia y sus inevitables vicesitudes.
Un saludo .