
Los infinitos prados que abrigan la Puebla de Prada , se acuestan lentamente, sobre el solemne amanecer.
Dibujan un verde almidonado bordeando las sendas por donde , los Pastores, encumbrarán el monte.
Las retamas y el roble despiertan.
Más allá , entre arrotos y Peñas , anda la vaqueriza suelta , y el pastor , se arrima a las sombras junto al mastín .
Hoy gobierna una luz brillante, como de plata , adorna el valle y los silencios del pequeño arroyo , allí lejos, en su profundidad.
Algún mastín se inquieta …, el Lobo ronda .
Comienza el vocerío de los Pastores, levantan su cayata alertando del peligro mientras elevan sus brazos fuertemente .., así , pareciendo invocar a los mismos Dioses.
Día tras día el trajín incansable abraza el zurrón ,bien ceñido ,al costal de los vaqueros y cabreros de Prada .
Al atardecer… regresarán .
Los niños y niñas de Prada bien saben que , al regreso de los Pastores, la Raposa, traerá un regalo para ellos .
Los pequeños, con cierto alboroto, se agolpan cerca de la boca de la Molina …, poco más arriba de la puebla ..,allí , donde se adivinan los últimos valles .
Los Pastores echan mano a su zurrón sacando un pequeño corrusco de pan ,sobrante, poniéndolo sobre las manitas de los chiquillos .
Los ojos de los pequeños se colman de luz , su expresión entre el pasmo y alborozo, abrazan el atardecer mientras mastican el trocito de pan .
Y así , marcharán para casa gozosos hasta el día siguiente, soñaran con aquella Raposa del monte …, que de su hornada, mandara aquel pedacito.