La conformación de las candidaturas para las próximas Cortes de Castilla y León vuelve a ser un excelente termómetro para medir no solo la fortaleza interna de los partidos, sino también su proyecto político real para la Comunidad. Y, a día de hoy, la diferencia entre el Partido Popular de Alfonso Fernández Mañueco y el PSOE que lidera Carlos Martínez es más estructural que coyuntural.
En el PP, el presidente autonómico afronta este proceso desde una posición de ventaja evidente. Mañueco tiene banquillo, tiene cantera y, sobre todo, tiene nombres. Suficientes y contrastados para armar listas provinciales sólidas, reconocibles y con equilibrio entre experiencia institucional y renovación. No es una cuestión menor en una Comunidad donde el conocimiento del territorio, la trayectoria y la solvencia pesan tanto como la frescura de los perfiles.
Eso no significa que las listas vayan a ser un mero ejercicio de continuidad. Todo lo contrario. En Génova y en la sede autonómica se asume que habrá sorpresas, y que algunos históricos dejarán paso a nuevos referentes. Relevos medidos, no traumáticos, que responden más a una lógica de ciclo político que a ajustes internos. Es, en definitiva, el tipo de renovación que solo puede permitirse quien gobierna con estabilidad y dispone de una estructura amplia, cohesionada y con recambios preparados.

Ese “banquillo” del que tanto se habla no es una metáfora vacía. El PP de Castilla y León lleva años trabajando una red de cargos públicos, alcaldes, presidentes de diputación y responsables sectoriales que permiten afrontar unas listas autonómicas sin urgencias ni improvisaciones. La dirección puede elegir, combinar y dosificar. Eso, en política, es poder orgánico.
En el otro lado del tablero, el PSOE encara la confección de sus candidaturas desde una realidad bastante más compleja. Carlos Martínez ha querido imprimir un giro municipalista al proyecto socialista, y ese enfoque se reflejará claramente en las listas. Habrá caras nuevas, sí, y muchos de los nombres que hoy forman parte de la Ejecutiva Regional darán el salto a las candidaturas autonómicas. También se recurrirá, de forma notable, a alcaldes consolidados y concejales de confianza, perfiles con implantación local y conocimiento del día a día municipal.
Ese tono municipalista es coherente con el discurso que Martínez viene defendiendo desde su llegada al liderazgo regional: proximidad, territorio y política desde abajo. El problema no está tanto en el planteamiento como en los mimbres con los que se ejecuta. Porque mientras se renuevan nombres, el PSOE arrastra carencias evidentes en áreas clave, especialmente en su equipo de Comunicación.
La sensación, compartida incluso en ámbitos socialistas, es de reiteración. De volver a utilizar los mismos recursos humanos y las mismas acciones que ya se han visto en múltiples campañas del PSCyL. Mensajes reciclados, formatos conocidos y una estrategia que no termina de romper con inercias del pasado. En un contexto político donde la diferenciación y la capacidad de marcar agenda son determinantes, esa repetición puede convertirse en un lastre.
No se trata solo de quién ocupa los puestos de salida en las listas, sino de cómo se construye el relato que los acompaña. Y ahí el PSOE parece seguir mirando más al retrovisor que al horizonte. La incorporación de alcaldes y concejales aporta cercanía, pero no suple, por sí sola, una falta de renovación real en los equipos que diseñan y transmiten el proyecto político.
Así, mientras Mañueco gestiona la abundancia —decidiendo qué histórico se queda y qué nuevo valor entra—, Carlos Martínez gestiona la escasez relativa, redistribuyendo cuadros y confiando en que el municipalismo actúe como pegamento electoral. Dos estrategias legítimas, pero que parten de posiciones muy distintas.
Las listas que se conocerán en las próximas semanas no solo definirán candidaturas. Definirán también hasta qué punto cada partido llega a la cita electoral con un proyecto asentado o con la necesidad de reinventarse a contrarreloj. Y, hoy por hoy, esa diferencia se percibe con bastante nitidez.