
La despedida de Pablo Fernández como único procurador comunista de las Cortes de Castilla y León marca el cierre de una etapa peculiar en la política autonómica. Durante estos años, su figura, también vinculada a la portavocía nacional de Podemos, se ha movido entre la defensa de un ideario explícitamente marxista-leninista y una presencia pública de tono combativo. Su trayectoria laboral como kiosquero en León, un oficio tan honesto como alejado del imaginario revolucionario que reivindica, le ha acompañado siempre como seña de identidad, aunque no ha evitado que algunas de sus posiciones hayan generado un notable rechazo en sectores profesionales muy concretos.
Buena muestra de ello fue la defensa de la Ley de Publicidad impulsada por la Junta de Castilla y León. Una norma que, según alertaron editores y distribuidores, amenaza la continuidad de numerosos pequeños negocios del sector, al restringir la publicidad institucional y concentrar aún más la dependencia de subvenciones orientadas a grandes grupos empresariales del ámbito de la comunicación. Un planteamiento que, lejos de proteger la pluralidad, podría favorecer a los actores más poderosos y reducir la libertad informativa que debería caracterizar a una comunidad vertebrada, moderna y abierta.
El caso de Castilla y León es ilustrativo. En una autonomía donde el comunismo es electoralmente residual, resulta llamativo que su única representación haya adoptado posiciones tan rígidas y poco alineadas con la realidad social del territorio. Otros países europeos, como Polonia, han tomado decisiones drásticas respecto a partidos de inspiración totalitaria, fruto de su propia experiencia histórica. Aunque el contexto español es muy distinto, conviene reflexionar sobre hasta qué punto ciertas propuestas encajan en el marco de una democracia plural y garantista.
De cara a las elecciones autonómicas previstas para marzo, será el electorado quien decida si la senda representada por Pablo Fernández debe continuar presente en el Parlamento regional. Lo que resulta indudable es que su salida abre un debate necesario sobre el peso, el sentido y la vigencia de determinadas ideologías en la España de hoy, y sobre la responsabilidad de los representantes públicos de promover consensos, no fracturas. No a prolongar el guerracivilismo fraticida, la revolución como utópica aspiración y terminar con las tradiciones culturales del catolicismo español.
ABC
Adiós Inútil, adiós. Vete a cambiar novelas de Marcial Lafuente Estefanía, por qué tú a la política española no has aportado absolutamente nada de nada, solamente té ha servido para vivir mucho mejor que vivias vendiendo periódicos y cambiando novelas.
Té queda él recurso, dé irte de camarero con tú » Jefe», Pablo Iglesias, al Mesón que tiene en Madrid..
Adiós, fantasma… adiós…..
«Conviene reflexionar sobre hasta qué punto ciertas propuestas encajan en el marco de una democracia plural y garantista». ¿Que hablamos de VOX?. ¿Terminar con las tradiciones culturales del catolicismo español?. Hasta dónde yo sé, en este pais hay libertad de culto.